| |
VELORIO DEL NIÑO DE LOS CACHITOS
Consiste en la adoración de la imagen del Niño Dios, llamado "Niño de los
Cachitos", haciendo alusión a la ejecución de unos cachos de res que se entonan
en su festividad.
Para la realización de este velorio, la imagen del niño se
encuentra en la iglesia del caserío, allí se arregla, mientras en la capilla, se
aguarda. Esta es decorada especialmente para ello el día de la víspera de la
festividad, el 1ero de
Diciembre. Para el 2 de Diciembre, en la noche todo debe estar listo, se reúnen
en la iglesia los cantores y el pueblo en general, para sacar en romería la
imagen y cantándole villancicos característicos, lo conducen a la capilla donde
realmente se produce la manifestación. Quienes cantan son hombres
exclusivamente, conforman dúos en números variado y cantan versos (cuartetos)
alusivos a la imagen del redentor hecho Niño, se acompaña de cuatros, guitarra,
tambora, furruco y cachos, lo que le da la nominación a la festividad.
El Velorio Del Niño De Los Cachitos se celebra en la población de San Javier,
Municipio San Felipe.
Diciembre es un mes de velorio y adoración al Niño Jesús y en especial al de San
Javier, conocido con el nombre de “ El Niño de Los Cachitos” desde hace más de
un siglo.
Cuenta la tradición que en las aldeas Yaracuyanas, se acostumbraba “tocar
cachos” (cuernos) para alertar a la población sobre algún peligro o para
convocar a una reunión de interés personal. Cierta vez se escuchó el sonido,
infinito, del cacho de venado pero no se sabía quién lo tocaba. Pasaron muchos
días y siempre al amanecer o por las tardes cuando alumbraba el sol de los
venados, el sonido se repetía en diferentes direcciones sin resultado alguno y
se fueron acostumbrando.
Una lavandera muy piadosa, cuando escuchaba el silbido de aquellos cachitos, se
le erizaba la piel, sentía un nudo en la garganta y terminaba haciendo la señal
de la Cruz, después de encomendarse a Dios para que le ayudara a resolver el
misterio; pero nada consiguió; así pasaron muchas lunas hasta cuando cierto día,
se armó de paciencia y terminando de lavar, se recogió la larga falda, se quitó
las alpargatas y se sentó en una piedra en el centro de la corriente. Prendió un
tabaco y empezó a fumarlo con la candela para dentro, y entre chupada y chupada,
rezaba, mientras sus pies, descalzos, jugaban con la corriente. De pronto sintió
que algo liso se interponía entre sus pies y la piedra. Intrigada se inclinó
para ver mejor y un rayo de sol rojizo, iluminó un cuerpo brillante. Lo sacó del
agua y su sorpresa no tuvo límite cuando reconoció que el objeto que había
tropezado era la imagen del Niño Jesús. Lo secó con su ropa y llena de júbilo
regresó al poblado mostrando su hermoso tesoro. La sagrada imagen tenía en la
cabeza tres haces de rayos, fabricados en oro y a la gente le pareció que eran
unos cachitos. Por esa razón lo bautizaron con el nombre de “El Niño de los
Cachitos”. La imagen fue recibida en la iglesia del poblado de San Javier de
Agua de Culebra, donde se le empezó a venerar.
El sitio del hallazgo es “El Chorrito” y allí levantaron una cruz en recuerdo al
acontecimiento. Al Niño le construyeron su propio nicho, los cachos dejaron de
sonar y la población reafirmó su fe cristiana. Desde entonces, el 3 de
Diciembre, se le hace su velorio y después sale a visitar a otros pueblos.
El velorio al Niño es organizado por un grupo de familia que de generación en
generación se han ocupado de estos menesteres. El pueblo se organiza en
procesión: Adelante van los tocadores de cachitos convocando a los fieles para
acompañar la santa imagen, después de recorrer algunas calles, es recibido en
una casa donde se hace la ceremonia de recibimiento, colocación, se les prenden
velas, se cantan décimas, se reza, se besa la imagen y terminando la parte
religiosa se comienza la parranda de aguinaldo hasta el amanecer o hasta cuando
el cuerpo aguante. Es una celebración típica del lugar y todavía se practica.
Se dice que esa imagen era de la Iglesia de la Presentación en San Felipe y
que, posiblemente, los negros de la costa lo dejaron abandonada después del
terremoto de 1812 en la huida hacia sus cumbres.
|
|